En el corazón de la Patagonia profunda se extiende la Meseta de Somuncurá, uno de los territorios más remotos y singulares de Río Negro.
Su nombre, de origen mapuche, suele interpretarse como “piedra que habla” o “piedra sonora”. Un significado que parece acompañar la atmósfera de un paisaje donde las formaciones volcánicas, los cerros y la inmensidad de la estepa construyen un escenario ancestral.
Pero Somuncurá también es protagonista de una de las leyendas más fascinantes de la Patagonia.
El último refugio del Santo Grial: según una teoría vinculada a la Fundación Delphos, los Caballeros Templarios habrían trasladado la reliquia desde Europa hasta la Patagonia para protegerla de sus perseguidores.
La piedra templaria: determinados relatos relacionan antiguas marcas y cruces de piedra con una supuesta presencia medieval en la región.
La Ciudad de los Césares: leyendas sobre una ciudad perdida, supuestamente repleta de tesoros y secretos, alimentan el imaginario de la Patagonia profunda.
La Salamanca: los pobladores locales de la Meseta de Somuncurá cuentan que existen cuevas donde se ingresa a la medianoche para realizar pactos con el diablo o Mandinga a cambio de dones especiales. El talento para la música, la guitarra o el baile sería uno de los pedidos más recurrentes. También se dice que estos lugares son punto de reunión de hechiceros y brujas, cuyas fiestas y música pueden escucharse desde lejos, en medio de la inmensidad de la meseta.
El territorio ancestral: la meseta conserva una importante historia cultural vinculada a los pueblos originarios y sus tradiciones, que forman parte de la identidad de este paisaje.
En esta trama, Somuncurá representa el último capítulo de una búsqueda que habría comenzado siglos atrás.
La leyenda sitúa aquí el supuesto escondite del Santo Grial, una reliquia que habría atravesado océanos, sobrevivido a persecuciones y encontrado refugio en la inmensidad de la Patagonia.
La piedra que habla. El territorio que guarda el secreto.



