Valle

La historia reciente de esta parte de la provincia se remonta a más de un siglo. El duro y tenaz trabajo de los primeros pobladores, y la bendición de las aguas de los ríos, fueron moldeando con el paso del tiempo y con la construcción de diques y canales de riego, la cultura productiva que caracteriza a esta zona de valles: el cultivo de frutales y hortalizas.

Basadas en estas actividades productivas, numerosas localidades que tienen como eje a la Ruta Nacional 22 han sabido transformar su modo de vida en experiencias turísticas.

Algunas localidades como Barda del Medio, Cinco Saltos y Cipolletti se encuentran sobre el río Limay, y otras como Fernández Oro, Allen, General Roca, Cervantes, General Godoy, Ingeniero Huergo, Villa Regina y Chichinales, Chimpay, Belisle, Lamarque, Luis Beltrán, Choele Choel y General Conesa, se extienden a lo largo del río Negro, el más grande y caudaloso de la Patagonia.

Las puertas de entrada a los valles son Catriel, al norte de la provincia, sobre la Ruta 151 y la ciudad de Río Colorado, que ubicada al este, sobre la Ruta Nacional 22 es el principal acceso y salida por vía terrestre de nuestra provincia, y el portal de entrada a la Patagonia. 

Diferentes propuestas de agroturismo y turismo cultural permiten al visitante conocer la vida cotidiana de las chacras dedicadas al cultivo de frutas y hortalizas. Son famosas las peras, manzanas, duraznos y uvas de la región. En algunas chacras, en su mayoría emprendimientos familiares, el visitante puede apreciar todo el proceso de producción, desde el cultivo y cosecha hasta el empaque de los diferentes productos.

Pero también se puede disfrutar de otro aspecto de la cultura como es la gastronomía, y del entorno natural a través de cabalgatas y paseos en sulky.

En los valles también hay bodegas, modernas algunas, y otras que ofrecen experiencias en torno a  la producción casera de vinos.

En algunas localidades hay museos para los interesados en conocer más en profundidad la historia de nuestros valles. Y en verano, los ríos y sus balnearios proporcionan espacios para el esparcimiento y para practicar actividades deportivas.

Los fértiles valles de la actualidad fueron ganados con mucho esfuerzo y sacrificio a la geografía inhóspita que atraviesan los ríos. Están rodeados de paisajes prehistóricos con yacimientos de restos fósiles y registros de huellas que dan cuenta de la vida de antiguos y gigantescos animales que poblaron esta parte de la Patagonia y que ponen a prueba la imaginación de los visitantes.

Todo el año se puede visitar la zona vallística, pero en la primavera, a la típica postal de las chacras protegidas del viento por esbeltas alamedas, se le suma el colorido y el aroma de los frutales florecidos.

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